Conmigo Viajas
Varias filas de montañas azules al fondo. Una fila de montañas marrones frente a ellas. Más adelante montañas cubiertas de verde vegetación. Terrazas escalonadas verdes y una camino serpenteante de tierra en primer plano.

Allí viví la que es, hasta el momento, la mejor experiencia de este viaje.

Bucear a 18 metros de profundidad en Koh Tao fue salir de mi zona de confort pero, conducir una moto siendo motorista novata, bajo la lluvia, subiendo y bajando montañas por carreteras serpenteantes en bastante mal estado y cruzando puentes de madera que se balancean y pierden tablones fue, no sólo salir de mi zona de confort sino… decirle adiós e irme muy lejos. Y es que en el agua siempre me he sentido muy a gusto pero las motos nunca han sido objeto de mi devoción.

Ha Giang es una pequeña región al norte de Vietnam, junto a la frontera con China. No está muy explotada turísticamente (todavía) pero no tardará mucho en estarlo porque es MARAVILLOSA.

Podría haber ido “de paquete” pero la experiencia no habría sido la misma. Me habría cansado menos y desde luego habría hecho más fotos y mejores vídeos pero seguro que no me habría divertido tanto.

El paisaje de esta zona es uno de los más impresionantes que he visto (superar a La Réunion es difícil). Cambian a cada rato, pasando de zonas con arrozales verdes y frondosa vegetación a arena roja arcillosa con rocas.

No sólo el paisaje me sorprendió, también la gente. Atravesé un montón de aldeas de gente sencilla, recibiendo sonrisas de prácticamente todo aquel con el que me cruzaba, aminorando la marcha para chocar las cinco o saludar con la mano a los niños, que continuamente gritaban HELLO, HELLO a pleno pulmón.

Algo muy curioso es cómo iban vestidos. Algunos de negro riguroso, la mayoría de colorines, supongo que depende de la minoría étnica a la que pertenezcan.

La ruta empezó en Ha Giang, una ciudad que no es muy grande pero tampoco pequeña, y es tranquila pero con mucho movimiento (qué bien me expreso). Es muy local y la gente no está aún acostumbrada al turismo así que recibíamos muchas miradas (y casi tantas sonrisas).

Tras dormir poco y mal en el autobús nocturno desde Hanoi cogimos las motos, las llenamos de gasolina y fuimos a desayunar phở (pronunciado fo) de ternera, el típico desayuno vietnamita de caldo con carne, verduras y fideos (phở bò, si es de ternera). Mientras desayunábamos empezó a llover mucho y me cagué; me había animado a conducir sin pensármelo (demasiado) pero no contaba con la lluvia.

Al rato bajó la intensidad del chaparrón y nos pusimos en marcha. A pesar de la lluvia, los primeros kilómetros de ruta fueron de subida, tranquilos (relativamente, porque no podía evitar pensar: ¿y si resbalo y caigo precipicio abajo?).
Luego más subida y muchas muchas curvas. Ahí es donde supe que iba a poder con ello e iba a disfrutar mucho. Lo que me da miedo de las motos es la velocidad y el miedo a caerme pero, me di cuenta de que iríamos la mayor parte del tiempo a menos de 30 por hora, así que me relajé (sin perder la concentración, claro). Me pedí ser “la última de la fila” para poder ir un poco rezagada, disfrutando del paisaje sin tener que ir pegada a los demás motoristas.

Paramos en un auténtico mercado de los pueblos indígenas de las tribus de las colinas. Era básicamente de vegetales y especias y el 80% de los productos que vendían eran desconocidos para nosotros. Había multitud de especias que no reconocí, tubérculos y raíces extrañas. Mis compañeros compraron una especie de roca dulce comestible, parecida al carbón de azúcar pero naranja brillante. Muy interesante pero una pena no poder comunicarnos verbalmente con los locales.

En total, el primer día recorrimos unos 150 km hasta Yen Minh, con paradas para comer, descansar y disfrutar del paisaje. Si hubiera dependido de mi el número de paradas para fotos no habríamos hecho ni la mitad del recorrido; tras cada curva pensaba: ¡ooooooh, qué maravilla, foto, foto!.

Soltamos las mochilas y nos fuimos a tomar cerveza a un bar local, luego a cenar y más cerveza y chupitos de vino de arroz, que más que vino parece aguardiente. Añadir resaca a la aventura no parece la elección más acertada pero ¿qué le voy a hacer? soy fácil de convencer.

El segundo día fue incluso mejor que el primero. Dejamos Yen Minh tras el desayuno y nos dirigimos hacia Dong Van, cruzando Meo Vac y conduciendo sobre el paso de Ma Pi Leng, el desfiladero más profundo del país. Las vistas son verdaderamente impresionantes. Hacía mucho frío para la poca ropa que habíamos llevado así que paramos varias veces para entrar en calor con alguna bebida caliente.

Llegamos a Dong Van, soltamos las mochilas, comimos y volvimos a subirnos a las motos para ir a dar una vuelta por China. Así, como suena. Cruzamos descaradamente unas alambradas que daban un poco de yu-yu (por la señal de peligro con una calavera más que nada) y echamos un vistazo al país vecino.

El tercer día se suponía el más flojo, ya que tocaba volver por el mismo sitio que habíamos venido, pero no lo fue. En primer lugar los paisajes bien merecen ser vistos una y mil veces (y además los vimos en sentido contrario). En segundo lugar, hubo varios imprevistos.

Una rueda pinchada, con mi correspondiente “sprint” para avisar al resto de motoristas bastante más adelantados (tocar la bocina como una loca no significa mucho aquí, que pitan continuamente para todo) y un pequeño accidente, en el que tres motos se fueron al suelo , “animaron” un poco la cosa. Al final no fue grave pero tomar una curva y ver 3 motos volcadas, una de ellas bajo el quitamiedos, y a 6 de tus compis en el suelo… asusta.

En total hicimos unos 350 km. 350 km que no creo olvide fácilmente.

Artículos Relacionados

Cuéntame

Tu dirección de email no se publicará. Los datos obligatorios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies